Editoriales


Editorial 176: El Capitán Hielo

Confrontando la ilusión de los ingenuos, la Ley “Consejo de PH de la CABA” (CPH) no ha sido vetada por el Señor Jefe de Gobierno Rodríguez Larreta.

¿Cómo podría ser vetada una ley que surgió del acuerdo político entre el propio GCBA y el Suterh?

Por la mencionada ley, el Estado renuncia a controlar la actividad de la PH de la CABA y en su lugar erige a organizaciones títere controladas por el sindicato de encargados.

Efectivamente, el Suterh no sólo se arroga un poder representativo determinante dentro de dicho CPH, sino que de las organizaciones de administradores solo participan las que tienen representación paritaria y a los interesados de última instancia, los propietarios, les dejaron simbólicas migajas.

El Suterh, “resguarda sus intereses”

El eje de gravedad del cambio impuesto es que resulta evidente el desacople entre la realidad y los fundamentos de la ley.

¿Qué razón puede existir para que un gremio deba “resguardar los intereses de la sociedad”, ¿Qué poder detentan como para que el Estado les otorgue control sobre relaciones de las que no son parte ni siquiera marginalmente?

La defensa del consorcista fue el latiguillo del Gobierno para justificar regular y perseguir a los administradores. ¿Qué consorcista de los millones que pueblan Buenos Aires desea ser resguardado por el gremio de encargados?

La demostración de poder del sindicato en esta oportunidad lució obscena en exceso. Pornográfica, mejor dicho, propia del Rubro 59…

No hubo una sola asociación de consorcistas o de administradores que haya promovido o apoyado la iniciativa. ¿Qué problema vino a resolver el Estado con esta ley? Luce evidente que la ley no se filtró por error ni es obra de la casualidad.

El Desafío

Hace años que distintos sectores se han dedicado en distanciar los consorcistas de los administradores, como si no tuviésemos puntos en común.

De hecho, el leitmotiv de un administrador es defender los intereses de sus administrados.

Este sería un caso emblema para que puedan trabajar juntos, creándose una mesa de enlace o alguna otra modalidad, entre consorcistas y administradores con el fin de revertir una legislación hecha a espaldas de los interesados, sin debate.

O bien, para evitar que la DGDYPC y/o el RPA, dicten normas a tontas y locas, donde siempre se beneficia a las empresas que se acercan con proyectos turbios (sobran ejemplo en los últimos 8 años…).

Tenemos que comenzar a comprender que la unión de intereses volcados en acción multiplican la fuerza.

Y luego tener memoria, tanto al votar como al apoyar.

Esto lo tenemos que comenzar a madurar para evitar que se terminen los abusos en nuestra propiedad horizontal.

Que con esta ley de la vergüenza, sirva y sea de puntapié inicial para la conjunción entre consorcistas y administradores, para cuando un sector pueda verse vulnerado en sus derechos, reaccionemos ambos, de manera de enfrentar en bloque las morbosidades del poder.

Sr. Rodríguez Larreta, no se trata de mover números, son promesas falsas, que tapan lo conceptual de este atropello, no se mantenga más tiempo callado respecto a este tema y expóngase como político que pretende ser, ante la sociedad de la CABA que sigue esperando ante su fría reacción.

Escribe: Marcelo Ruiz | Presidente de AIPH

 
Editorial 175: El Absolutismo, como medida de dominio y poder

Otra vez más, la historia se repite y las sorpresas siempre se reiteran para fin de año.

En la CABA, la PH cada vez más, se encuentra bajo el manto del gremio del Suterh.

Un manto de carácter marcadamente “absolutista”.

Sí, en la CABA detrás de un gobierno democrático se encuentra enmascarado el absolutismo en su mayor expresión.

Es cada vez mayor la concentración de poderes.

A tal punto, que la telaraña que se va tejiendo a través del tiempo no encuentra límites.

En ninguno de los tres poderes, en ningún sector de importancia o de relevancia dentro de las organizaciones de primera, segunda y tercera línea, nadie, le pone un freno a la pretensión de poder por el poder mismo.

Los políticos miran de reojo este avance, pero en absoluto silencio y con su complicidad, ya sea en forma activa o pasiva.

Porque, sin ellos, el absolutismo en la PH no podría practicarse o llevarse a cabo.

Ni en la CABA, ni a nivel nacional.

Lo venimos advirtiendo hace muchos años.

Obviamente, con las consecuencias que ello implica.

Muy pronto en la PH ni el aire que se respira, dejará de pasar por los medidores del gremio.

La propiedad privada  ya no le pertenece a su propietario del mismo modo en la Capital de la Argentina.

La ley 5464, Consejo de Propiedad Horizontal (CPH), le cercena, le mutila buena parte de los derechos al propietario.

Ni mencionar en la forma aplastante que implica la misma, a la profesión del administrador de consorcios.

El estado de la CABA, que nada tiene que hacer en la propiedad privada, pero ahora, acaba de delegar su espacio al gremio del Suterh y otro gremio recién nacido, Seara, a través de una ley.

Una ley, que no fue debatida ni discutida.

Una ley aprobada en la absoluta oscuridad.

Una ley cuyos fundamentos son ridículos.

Uno de ellos expresa: “…resulta imprescindible que la Ciudad desarrolle herramientas legales e institucionales que resguarden los intereses de la sociedad a través del contralor del ejercicio de la actividad de administración de consorcios y coadyuven en las relaciones entre actores sujetos al régimen de la Propiedad Horizontal, en el ámbito de la CABA….”

Sepa señor propietario, inquilino, administrador o señor ciudadano, el gremio velará por Ud., es “la herramienta…”

Su visión absolutista de la vida así lo dice.

Es un aire divino.

No necesita ya la intervención del estado para manejar, controlar, conducir y sancionar dentro de la PH en la capital de la República Argentina.

Es tal su poder divino, que se han convertido en “los salvaguardas” de la propiedad horizontal en la CABA y próximamente en toda la Argentina.

El Pro y FPV apuntalarán su instalación en el sistema o cualquier político funcional al manto absolutista.

Por lo menos esta es la experiencia, aquí, en el ombligo del país.

Escribe: Adrián Hilarza | Socio de AIPH

 
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